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Las reliquias de Santa Bernardita Soubirous visitan San Rafael
Las reliquias de Santa Bernardita Soubirous visitan San Rafael
De Buena Fe | Diario Digital
Las reliquias de Santa Bernardita Soubirous visitan San Rafael - De Buena Fe | Diario Digital
Bajo el lema “Lourdes nos visita: un tiempo de gracia y esperanza”, durante el mes de marzo de 2026 se llevará a cabo en Argentina la visita de las
❤🔥2🤩1
*SANTO VIA CRUCIS*
_Por la señal de la santa cruz..._
¡Señor mío, Jesucristo! Dios y Hombre verdadero, Creador, Padre y Redentor mío; por ser Vos quien sois, Bondad infinita, y porque os amo sobre todas las cosas, me pesa de todo corazón de habernos ofendido; también me pesa porque podéis castigarme con las penas del infierno. Ayudado de vuestra divina gracia propongo firmemente nunca más pecar, confesarme y cumplir la penitencia que me fuere impuesta.
Amén.
_Rezar a continuación las 14 estaciones._
*I ESTACIÓN*
Jesús condenado a muerte. ¡Jesús mío, condenado en vez de mi: misericordia!. _Padrenuestro, Avemaría._
*II. ESTACIÓN*
Jesús cargado con la Cruz. ¡Jesús mío, cargado con mis pecados para descargarme de ellos: misericordia!. _Padrenuestro, Avemaría._
*III. ESTACIÓN*
Primera caída del Señor. ¡Jesús mío, sucumbiendo bajo el peso de mis pecados para expiarlos: misericordia!. _Padrenuestro, Avemaría._
_Por la señal de la santa cruz..._
¡Señor mío, Jesucristo! Dios y Hombre verdadero, Creador, Padre y Redentor mío; por ser Vos quien sois, Bondad infinita, y porque os amo sobre todas las cosas, me pesa de todo corazón de habernos ofendido; también me pesa porque podéis castigarme con las penas del infierno. Ayudado de vuestra divina gracia propongo firmemente nunca más pecar, confesarme y cumplir la penitencia que me fuere impuesta.
Amén.
_Rezar a continuación las 14 estaciones._
*I ESTACIÓN*
Jesús condenado a muerte. ¡Jesús mío, condenado en vez de mi: misericordia!. _Padrenuestro, Avemaría._
*II. ESTACIÓN*
Jesús cargado con la Cruz. ¡Jesús mío, cargado con mis pecados para descargarme de ellos: misericordia!. _Padrenuestro, Avemaría._
*III. ESTACIÓN*
Primera caída del Señor. ¡Jesús mío, sucumbiendo bajo el peso de mis pecados para expiarlos: misericordia!. _Padrenuestro, Avemaría._
IV ESTACIÓN.
Jesús encuentra a su Santísima Madre. ¡Jesús mío, encontrando a vuestra angustiada Madre: misericordia!. Padrenuestro, Avemaría.
V. ESTACIÓN.
El Cirineo ayuda a Jesús. ¡Jesús mío, invitándome a participar de vuestra Cruz: misericordia!. Padrenuestro, Avemaría.
VI. ESTACIÓN.
La Verónica enjuga el rostro del Señor. ¡Jesús mío, con el rostro manchado de inmundas salivas para expiar mi orgullo: misericordia!. Padrenuestro, Avemaría.
VIII. ESTACIÓN.
Jesús habla a las mujeres. ¡Jesús mío, consolando a las mujeres de Israel, que, llorando, os seguían: misericordia!. Padrenuestro, Avemaría.
VII. ESTACIÓN.
Jesús cae por segunda vez. ¡Jesús mío, sucumbiendo otra vez para enseñarme a levantar después de las caídas: misericordia!. Padrenuestro, Avemaría.
IX. ESTACIÓN.
El Señor cae por tercera vez. ¡Jesús mío, sucumbiendo de nuevo al pensar en mis ingratitudes: misericordia!. Padrenuestro, Avemaría.
Jesús encuentra a su Santísima Madre. ¡Jesús mío, encontrando a vuestra angustiada Madre: misericordia!. Padrenuestro, Avemaría.
V. ESTACIÓN.
El Cirineo ayuda a Jesús. ¡Jesús mío, invitándome a participar de vuestra Cruz: misericordia!. Padrenuestro, Avemaría.
VI. ESTACIÓN.
La Verónica enjuga el rostro del Señor. ¡Jesús mío, con el rostro manchado de inmundas salivas para expiar mi orgullo: misericordia!. Padrenuestro, Avemaría.
VIII. ESTACIÓN.
Jesús habla a las mujeres. ¡Jesús mío, consolando a las mujeres de Israel, que, llorando, os seguían: misericordia!. Padrenuestro, Avemaría.
VII. ESTACIÓN.
Jesús cae por segunda vez. ¡Jesús mío, sucumbiendo otra vez para enseñarme a levantar después de las caídas: misericordia!. Padrenuestro, Avemaría.
IX. ESTACIÓN.
El Señor cae por tercera vez. ¡Jesús mío, sucumbiendo de nuevo al pensar en mis ingratitudes: misericordia!. Padrenuestro, Avemaría.
X. ESTACIÓN.
Desnudan al Señor. ¡Jesús mío, despojado de vuestras vestiduras para expiar mis sensualidades: misericordia!. Padrenuestro, Avemaría.
XI. ESTACIÓN.
Jesús clavado en la Cruz. ¡Jesús mío, clavado en la Cruz para expiar mis malas acciones: misericordia!. Padrenuestro, Avemaría.
XII. ESTACIÓN.
Muere Jesús en la Cruz. ¡Jesús mío muerto en la Cruz para abrirme el Paraíso: misericordia!. Padrenuestro, Avemaría.
XIII ESTACIÓN.
Colocan a Jesús en los brazos de su Madre. ¡Jesús mío, depuesto en los brazos de vuestra afligida Madre: misericordia!. Padrenuestro, Avemaría.
XIV. ESTACIÓN.
El Señor es sepultado. ¡Jesús mío, encerrado entonces en el sepulcro y ahora en el Tabernáculo: misericordia!. Padrenuestro, Avemaría.
Desnudan al Señor. ¡Jesús mío, despojado de vuestras vestiduras para expiar mis sensualidades: misericordia!. Padrenuestro, Avemaría.
XI. ESTACIÓN.
Jesús clavado en la Cruz. ¡Jesús mío, clavado en la Cruz para expiar mis malas acciones: misericordia!. Padrenuestro, Avemaría.
XII. ESTACIÓN.
Muere Jesús en la Cruz. ¡Jesús mío muerto en la Cruz para abrirme el Paraíso: misericordia!. Padrenuestro, Avemaría.
XIII ESTACIÓN.
Colocan a Jesús en los brazos de su Madre. ¡Jesús mío, depuesto en los brazos de vuestra afligida Madre: misericordia!. Padrenuestro, Avemaría.
XIV. ESTACIÓN.
El Señor es sepultado. ¡Jesús mío, encerrado entonces en el sepulcro y ahora en el Tabernáculo: misericordia!. Padrenuestro, Avemaría.
ORACIÓN FINAL.
Dígnate, Señor, mirar por esta tu familia, por la cual nuestro Señor Jesucristo no vaciló ser entregado en manos de los malvados y sufrir el suplicio de la Cruz. Por nuestro Señor Jesucristo, que contigo vive y reina, Dios, por todos los siglos de los siglos. Amén.
Terminar rezando un Padrenuestro, Avemaría y Gloria por las intenciones del Sumo Pontífice.
Dígnate, Señor, mirar por esta tu familia, por la cual nuestro Señor Jesucristo no vaciló ser entregado en manos de los malvados y sufrir el suplicio de la Cruz. Por nuestro Señor Jesucristo, que contigo vive y reina, Dios, por todos los siglos de los siglos. Amén.
Terminar rezando un Padrenuestro, Avemaría y Gloria por las intenciones del Sumo Pontífice.
❤🔥5
El encuentro junto al pozo (Jn 4)
Meditación breve domingo III de Cuaresma:
Hay un pozo en el corazón de cada persona.
Un lugar profundo donde vamos a buscar agua para vivir.
La mujer samaritana fue al pozo con su cántaro,
como tantas veces antes.
Pero ese día encontró a Alguien que la estaba esperando.
Jesús no comenzó acusando.
No comenzó corrigiendo.
Comenzó pidiendo agua.
Dios se acerca a nosotros
no desde la fuerza,
sino desde la sed de nuestro corazón.
Meditación breve domingo III de Cuaresma:
Hay un pozo en el corazón de cada persona.
Un lugar profundo donde vamos a buscar agua para vivir.
La mujer samaritana fue al pozo con su cántaro,
como tantas veces antes.
Pero ese día encontró a Alguien que la estaba esperando.
Jesús no comenzó acusando.
No comenzó corrigiendo.
Comenzó pidiendo agua.
Dios se acerca a nosotros
no desde la fuerza,
sino desde la sed de nuestro corazón.
🙏4🎉1
También el monje va cada día al pozo:
el pozo de la oración
el pozo de la liturgia
el pozo silencioso de la celda
Y muchas veces llega con su cántaro vacío.
Pero Cristo sigue sentado junto al pozo
esperando.
Él no se cansa de decir:
“Si conocieras el don de Dios…”
La vida monástica no es otra cosa que esto:
volver cada día al pozo
hasta descubrir que el agua verdadera ya está allí.
Y cuando el corazón encuentra esa agua,
ocurre lo mismo que en el Evangelio:
la mujer deja su cántaro.
Cuando Cristo llena el corazón,
muchas cosas que antes parecían necesarias
ya no lo son.
El monje vuelve cada día al pozo de la oración
hasta que descubre que Cristo mismo es el agua viva.
el pozo de la oración
el pozo de la liturgia
el pozo silencioso de la celda
Y muchas veces llega con su cántaro vacío.
Pero Cristo sigue sentado junto al pozo
esperando.
Él no se cansa de decir:
“Si conocieras el don de Dios…”
La vida monástica no es otra cosa que esto:
volver cada día al pozo
hasta descubrir que el agua verdadera ya está allí.
Y cuando el corazón encuentra esa agua,
ocurre lo mismo que en el Evangelio:
la mujer deja su cántaro.
Cuando Cristo llena el corazón,
muchas cosas que antes parecían necesarias
ya no lo son.
El monje vuelve cada día al pozo de la oración
hasta que descubre que Cristo mismo es el agua viva.
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El Espíritu Santo, agua viva
(Evangelio de Juan 4)
Cristo habla a la samaritana de un agua que no se saca del pozo.
Es el Espíritu Santo.
El agua de la tierra calma la sed por un momento.
El Espíritu se convierte en una fuente dentro del corazón.
Por eso el monje vuelve cada día al pozo de la oración.
No para buscar algo fuera,
sino para descubrir la fuente que Dios ya ha puesto dentro de él.
Cuando el Espíritu comienza a brotar,
el alma comprende en silencio:
Cristo mismo
es el agua viva.
(Evangelio de Juan 4)
Cristo habla a la samaritana de un agua que no se saca del pozo.
Es el Espíritu Santo.
El agua de la tierra calma la sed por un momento.
El Espíritu se convierte en una fuente dentro del corazón.
Por eso el monje vuelve cada día al pozo de la oración.
No para buscar algo fuera,
sino para descubrir la fuente que Dios ya ha puesto dentro de él.
Cuando el Espíritu comienza a brotar,
el alma comprende en silencio:
Cristo mismo
es el agua viva.
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Meditación monástica sobre el Evangelio
San Mateo 18,21-35 — El perdón que nace del corazón
En el silencio del Evangelio, Simon Pedro hace una pregunta muy humana:
¿Cuántas veces tengo que perdonar?
Pedro cree ser generoso: siete veces.
Pero Jesus rompe la medida humana:
No te digo hasta siete, sino hasta setenta veces siete.
Es decir: sin contar.
El perdón en el Reino de Dios no se mide, se vive.
El monje ante esta palabra aprende algo muy profundo:
nosotros somos el primer siervo de la parábola.
La deuda de diez mil talentos es impagable.
Representa todo lo que Dios nos ha perdonado:
nuestras faltas
nuestras durezas
nuestras incoherencias
nuestras infidelidades.
Y, sin embargo, Dios tiene compasión.
Cada noche, cuando el monje reza en su celda, sabe en el fondo del corazón:
“Señor, otra vez me has perdonado.”
.
San Mateo 18,21-35 — El perdón que nace del corazón
En el silencio del Evangelio, Simon Pedro hace una pregunta muy humana:
¿Cuántas veces tengo que perdonar?
Pedro cree ser generoso: siete veces.
Pero Jesus rompe la medida humana:
No te digo hasta siete, sino hasta setenta veces siete.
Es decir: sin contar.
El perdón en el Reino de Dios no se mide, se vive.
El monje ante esta palabra aprende algo muy profundo:
nosotros somos el primer siervo de la parábola.
La deuda de diez mil talentos es impagable.
Representa todo lo que Dios nos ha perdonado:
nuestras faltas
nuestras durezas
nuestras incoherencias
nuestras infidelidades.
Y, sin embargo, Dios tiene compasión.
Cada noche, cuando el monje reza en su celda, sabe en el fondo del corazón:
“Señor, otra vez me has perdonado.”
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El peligro del corazón
Pero la parábola muestra algo muy real:
El mismo hombre que fue perdonado
sale y no perdona.
Esto sucede también en la vida espiritual.
Podemos:
recibir la misericordia de Dios
rezar
comulgar
vivir en la Iglesia
y todavía guardar dureza contra un hermano.
Por eso Jesús dice algo muy fuerte:
Si no perdonan de corazón…
No basta decir que perdonamos.
El Evangelio habla de perdonar desde el corazón.
Pero la parábola muestra algo muy real:
El mismo hombre que fue perdonado
sale y no perdona.
Esto sucede también en la vida espiritual.
Podemos:
recibir la misericordia de Dios
rezar
comulgar
vivir en la Iglesia
y todavía guardar dureza contra un hermano.
Por eso Jesús dice algo muy fuerte:
Si no perdonan de corazón…
No basta decir que perdonamos.
El Evangelio habla de perdonar desde el corazón.
🙏5❤🔥3
Para la vida interior
Para quien vive la vida monástica o busca a Dios, esta palabra es una puerta muy concreta:
Perdonar significa:
soltar la ofensa
no alimentar el recuerdo doloroso
dejar el juicio en manos de Dios.
Perdonar no es justificar el mal,
sino liberar el corazón para que Dios habite en él.
Un corazón lleno de resentimiento
no puede ser celda para Dios.
Para quien vive la vida monástica o busca a Dios, esta palabra es una puerta muy concreta:
Perdonar significa:
soltar la ofensa
no alimentar el recuerdo doloroso
dejar el juicio en manos de Dios.
Perdonar no es justificar el mal,
sino liberar el corazón para que Dios habite en él.
Un corazón lleno de resentimiento
no puede ser celda para Dios.
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